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14/09/2019 12:45 | Mundial de China 2019

Ayer no es hoy

(Opinión) Se busca intensamente emparentar la selección maravillosa de Indianápolis 2002 que llegó a la final de su Mundial con esta de China 2019, también maravillosa. Las circunstancias son muy diferentes. Y el legado existe pero no es la causa.
Autor:Pablo Tosal (ptosal@pickandroll.net)
Ayer no es hoy

Remontar el barrilete en esta tempestad
solo hará entender que ayer no es hoy
Que hoy es hoy
Y que no soy actor de lo que fui

(Spaghetti del rock – Divididos)

Reinventarse es la situación que mejor le queda a la Argentina. Es así en la vida de cada uno, que a veces anda dando vueltas de trabajo en trabajo, de estudio en estudio hasta que llega a determinado confort. También es así en la política Argentina que toma rumbos ya no diversos sino opuestos y luego vuelve a retomar viejos caminos que parecían olvidados.

La selección nacional también se ha reinventado. Vivimos en la Argentina, no en Suiza, incluso en el básquet, pero claro está, esto es algo que la gente que no es del palo desconoce.

Este reconfortante boom mediático que tomó el básquet, y que de una manera burda y torpe algunos buscan emparentar con los problemas de la política y el fútbol, hace que sea imprescindible trazar negros sobre blanco, aportando algunos datos de la realidad.

Y acá se contará una historia diferente a la que habitualmente se cuenta como si fuera un cuento oficial. Por su puesto que existe un legado, una forma de comportarse ante los desafíos que son propios de la herencia que dejó la Generación Dorada, pero solamente con comportamientos profesionales no se puede llegar a la final del mundo. Para ganar hay que ser algo más que un buen boyscout.

La selección argentina no llega a la final del Mundial de China porque haya tenido una generación que jugó la final del Mundial 2002 y ganó el Oro Olímpico en el 2004. En todo caso es valorable ese espejo que devuelve una imagen de deseo, una imagen ideal, pero para jugar una final hace falta jugar bien al básquet, con conocimiento táctico, con pasión por defender la estrategia trazada, con ferocidad en la ejecución, con talento individual que se nutre del trabajo cotidiano, con una Liga profesional acorde que le de sustento al trabajo de jugador profesional.

Mucho se habló desde que se ganó la medalla de oro a hoy que la Argentina desperdició la oportunidad de hacer algo bueno y que el legado de contracción al trabajo, disciplina y amor por la causa era el reflejo de lo que dejaron los jugadores que integraron ese proceso, que en definitiva quintando a los que hoy están suman 27 en total ya que fueron cambiando desde 2002 al 2016 que se retiraron Ginóbili, Chapu y Delfino juntos.

Si es cierto que dios no juega a los dados, entonces podemos inferir que las cosas no pasan porque sí, nada ocurre por casualidad. La Generación Dorada es obra de 4 situaciones que confluyeron al mismo tiempo de las cuales 3 son coyunturales.

La primera es el talento de los jugadores argentinos trabajados en el marco de una Liga Nacional profesional que los alimentaba y los hacía crecer. Y las situaciones coyunturales son tres:

1) La crisis económica brutal que se vivió entre fines del siglo pasado y principios de este nuevo milenio.

2) La “Ley Bosman” de 1996 que permitía a jugadores con pasaporte comunitario no ocupar plaza de extranjero

3) El reglamento de las competencias españolas e italianas que permitían un número ilimitados de comunitarios.

Estas tres últimas condiciones cambiaron en la actualidad, aunque se repite hoy la primera de ella (la crisis económica) pero no las otras dos.

Si bien los jugadores argentinos consiguen su pasaporte comunitario ya no juegan como plaza libre y los reglamentos tienen cupo para ellos con un agravante: hubo un cambio en la legislación de la Unión Europea que desde el 2004 incorporó 10 países del este. Y más tarde España creó la figura del “jugador zona FIBA Europa”, entonces, por ejemplo, un jugador serbio no suma como extranjero.

Empezó a ser mucho más fácil para las potencias basquetbolísticas de Europa ir a “pescar” jugadores jóvenes con talentos en aguas cercanas que llevarlos desde Sudamérica. Vale decir, se dedicaron a encontrar a Luka Doncic (de Eslovenia) y no a otro Lucas Victoriano.

No es que de pronto implosionó nuestra Liga y desapareció el talento de los chicos para irse a Europa, esas situaciones nunca son así. La gente no recuerda, o no sabe, que entre 1998 y 2004 se fueron del país más de 300 jugadores de básquet, de todos los niveles.

La sangría tuvo su efecto, sin dudas, en la jerarquía de la Liga Nacional y en el espejo que los chicos suelen encontrar en el hecho cotidiano. Mirar la NBA o las Ligas europeas por TV era por entonces ver lo mejor de lo nuestro.

No puede sorprendernos que todo ese cúmulo de circunstancias haya derivado en más de 10 años de recuperación para una Liga que además no trazó políticas de protección, fomento y desarrollo para el jugador joven (mucho menos la CABB).

El estado de recuperación y fortalecimiento de nuestros competidores profesionales se hizo lentamente creando un entorno favorable en nuestra tierra, imposibilitados de repetir la historia del éxodo europeo de principios de siglo y se logró metódicamente gracias al esfuerzo de los clubes y la capacidad de los entrenadores de todo el país.

Aunque también hubo luchas internas. Claro que las hay en un lugar donde todos desean el bien y lo único que se discute es el camino. ¿Se podría repetir la historia de la GD sin aquellas condiciones de ir a hacer el posgrado a Europa? Es lógico que el hábito hace al maestro. Cuánto más alta es la exigencia más grande son los beneficios.

Que Facundo Campazzo este liderando el Real Madrid, con todo lo que implica posiblemente ser el base del mejor club FIBA del mundo, es un empuje astronómico a fortalecer la jerarquía individual. Pero hoy no tenemos ningún jugador NBA mientras que Campazzo y Deck (que es suplente en el Real Madrid) junto a Vildoza y Garino en el Baskonia fueron los únicos 4 de este plantel de 12 que jugaron Euroliga, la última temporada. Y sin embargo ahí estamos, en la Final de mundo.

¿Por qué?

Ya hemos visto que la génesis de la Generación Dorada poco tiene que ver con la actual selección. Incluso el hombre en común también es una persona diferente. Luis Scola de 22 años en el Mundial de Indianápolis es muy diferente al Luis Scola de 39 años del Mundial de China.

Suele mencionarse (con justa razón) que Scola adaptó su juego al básquetbol moderno y esa reconversión le permitió alargar su carrera junto con la extraordinaria condición física que supo construir. Pero también es cierto que todos los jugadores de posiciones de Foward, Power Forwad y Center del mundo también tuvieron que hacer esa reconversión. Quienes no la hicieron se retiraron.

En definitiva la actual selección argentina que llega a la final del Mundial de China 2019 practicando un baloncesto increíblemente bello y efectivo es un producto genuino de los tiempos que corren, que sin dudas tienen el legado de disciplina, respeto y entrega por la selección de la Generación Dorada, pero con un espíritu competitivo propio y un talento descomunal para entender el juego y lo que se necesita.

Desde que terminó Río de Janeiro 2016 se viene moldeando esta selección con mucha paciencia. Había que determinar quién sería el escolta que reemplace a Manu Ginóbili (como si esto fuera posible) y hasta hoy no se encontró (nótese que jugamos los minutos decisivos con doble base) quien sería capaz de quedarse con el legado del inigualable “Chapu” Nocioni, emergiendo allí la figura de “Pato” Garino, único jugador de esta selección que no pasó por la Liga Nacional.

Nuestro pivote titular, Marcos Delia, fichó recientemente para jugar el básquetbol de México. En el campeonato no tuvo diferencias para medirse nada menos que ante Jokic y Gobert. Estamos hablando de dos top mundiales. El domingo lo hará ante Marc Gasol y nos parece que podrá hacer tan bien como viene haciéndolo.

Por eso es muy importante señalar uno de los principales motivos: Ante la falta de una selección de los Estados Unidos que lleve sus mejores elementos, con España, Serbia y Francia también con bajas notables, el mundial de China es un mundial de entrenadores.

Para encontrar las fortalezas de este equipo hay que visualizar que se armó un traje a medida. Se aprovecharon al máximo las ventanas clasificatorias para armar un grupo nuevo, se desarrolló una idea de juego, se potenciaron y obtuvieron experiencias en torneos como la Americup y los Juegos Panamericanos de 2019 y finalmente la semilla floreció en China.

La selección tiene como método llevar siempre un cuerpo técnico de lujo, donde los egos queden de lado, algo que también hacen otras selecciones y esta vez no fue la excepción con Silvio Santander, Gabriel Piccato y Maxi Seigorman.

Pero hay que destacar un entrenador que es un fórmula uno para dirigir como Sergio Hernández cuya capacidad de entendimiento de los macros ciclos es muy superior al resto. Y sobre todo con una intuición de los momentos de juego clave para atrapar al rival.

Los 12 jugadores de este plantel son hermanos de una causa, compañeros de emociones y protectores de sus miedos. Tienen la ambición y la locura de ganar pero como bien dijo el “Oveja” en conferencia ellos ganan porque disfrutan el juego. Algo que es muy distinto a disfrutar porque se gana. Tienen la matriz de la lucha como espíritu y la alegría como bandera.

Salieron de un contexto diferente al que hubo en el 2002, escriben su propio camino y son preferentemente hijos de la Liga Nacional, son los rebeldes de un sistema que solo mira a las grandes liga como potencia y ahora descubren que hay algo más para mirar. Porque ayer no es no hoy. Hoy es hoy y estos chicos crean su propia historia.

@pablotosal